El verdadero reto de la inteligencia artificial para los abogados

Un cliente me preguntó si me daba nervios que la IA reemplace a los abogados. Me reí. Le dije que no. Que compito con gusto con una IA en lo básico, en lo repetitivo, en lo del día a día. Pero no en lo complejo. Ahí no hay modelo que reemplace criterio. Esa tarde tomé café con colegas. Les hice la misma pregunta. Ninguno estaba preocupado. Nos quedamos pensando: ¿estamos confiados, o estamos ciegos? Así que se la hice a los que están empezando. Pasantes. Abogados con dos, tres años de experiencia. Ellos sí están preocupados. Y entre más lo pensaba, más me daba cuenta de que tienen razón en estarlo. No por falta de talento. Porque son los que están viendo de cerca algo que los demás todavía no queríamos ver. Ahí entendí que la pregunta estaba mal planteada desde el principio. La IA no viene por el abogado que litiga, que negocia, que decide una estrategia con base en riesgo y experiencia. Viene por el trabajo que tradicionalmente delegábamos en los que están empezando: fechas, resúmenes, investigación, primeros borradores. No porque ese trabajo no pudiera hacerlo alguien con más experiencia, sino porque nunca fue eficiente pedírselo a quien cobra más caro. Ese trabajo era, sin que lo dijéramos en voz alta, la forma en que un abogado joven aprendía el oficio. La IA apoya al sector empresarial. No resuelve el problema de fondo del derecho. No va a pisar un tribunal por ti. No va a sentarse frente a la contraparte a negociar cara a cara. Por ahora. El reto no es de los que están empezando. Es nuestro: encontrar otra forma de formarlos, ahora que la IA se quedó con la escalera que todos subimos alguna vez.

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